jueves, 22 de julio de 2010

LAS CAÑADAS REALES Y OTRAS VÍAS PECUARIAS

Las vías pecuarias son los caminos utilizados desde hace siglos para el transito del ganado trashumante, componiendo un entramado que cubre toda la Península Ibérica. Antaño, en el norte, los inviernos de montaña eran fríos y duros para los animales y las nevadas y heladas sepultaban los pastos para sustentar a los rebaños. Por ello, trasladaban el ganado a los prados del Sur, en Andalucía, Extremadura y Sur de Castilla, donde el tiempo era más benigno y podían alimentarse sin dificultad. Cuando llegaba el verano la situación era la contraria. La hierba se secaba y llegaba la hora de regresar a los valles de montaña –agostaderos-, donde los pastos eran abundantes y frescos.

Paso de "Las Escaleras", Brieva de Cameros

Para efectuar los desplazamientos entre los lugares de pasto de verano e invierno se utilizaban las vías pecuarias. Su estructura abarcaba todo el territorio peninsular, tejiendo una malla de más de 125.000 kilómetros de longitud (15 veces más que la red ferroviaria) y 425.000 hectáreas de extensión, lo que supone un 1% del territorio español.

Estos caminos pastoriles pasan por 40 provincias y 12 Comunidades, con la excepción de: Canarias, Baleares, Galicia, Asturias y Cantabria. Por provincias, Teruel (Aragón) es la que más tiene con 7.237 km, mientras que la que menos posee es Girona (Cataluña) con 233. Andalucía es, por Comunidades, la que más km tiene con 30.897, y el País Vasco ocupa el último puesto con 1.045. La Rioja cuenta con 2.386 km de estas vías.

Hay varios tipos de vías pecuarias, diferenciándose entre ellas por su anchura, que también determina su importancia. Estas anchuras y el nombre de cada vía pueden variar según la Comunidad o provincia. Las vías que recorreremos están en La Rioja, por lo que la tomaremos como referencia. En La Rioja las vías pecuarias son: cañada, 75 m; cordel, 37,5 m; vereda, 20 m; colada, cuyo ancho es variable pero inferior a 20 m; abrevadero y descansadero, también con superficies diversas. Esta es la nomenclatura mesteña tradicional pero, en otros territorios históricos, se las conoce con otros nombres: “Galianas”, “Azagadores”, “Veredas de Carne”, “pasos”, etc...

Las vías más importantes son las Cañadas Reales. De los 125.000 km de vías, sus trazados ocupan 5.000 km repartidos en 9 grandes itinerarios: la Vizana o de La Plata, Leonesa Occidental, Leonesa Oriental, Segoviana, Soriana Occidental, Soriana Oriental, Galiana o de Las Merinas y del Reino de Valencia. De las nueve, cuatro parten de Sierras riojanas, evidenciando la trascendencia que la trashumancia tenía en La Rioja.

Elementos complementarios del sistema de vías pecuarias.

Estos caminos pastoriles tienen una serie de elementos propios de gran valor cultural y patrimonial y forman parte de su idiosincrasia. A continuación, destacamos los más característicos:

Mojones: son hitos a lo largo del camino que indican el ancho de la vía, estableciendo los límites de la propiedad pública de suelo que éstos representan. Gracias a ellos se detectan con facilidad las posibles intrusiones de terrenos colindantes. Su colocación o “amojonamiento” es realizado por cada Comunidad y la alteración de estas señales está penada por la ley.

Majadas: era el lugar donde se recogía el pastor y su rebaño por las noches, ya fuese en los pastos de verano o invierno. Estas construcciones se componían de un “chozo” o vivienda para el pastor; el aprisco, donde se recogían el ganado y el corral o redil, para contar a los animales. Antaño, se construían con los materiales del lugar. Actualmente, se utilizan construcciones con mayores comodidades.

 Majada de "Las Disecadas", en el parque natural de Cebollera

Puertos Reales: podían ser fijos o móviles, en ellos se apostaban los procuradores de la Mesta y cobraban un tributo de “servicio y montazgo” por el tránsito de los ganados trashumantes.

Contaderos: eran sitios estrechos por donde el ganado se veía obligado a pasar en fila y era aprovechado por los pastores para contar el rebaño.

Casas de esquileo: en ellas se quitaba la lana a las ovejas. Primero fueron simples cuadras y luego, en épocas de mayor bonanza, se construyeron los llamados “ranchos”. El esquileo se hacía en junio, cuando llegaban las ovejas. Primero se las dejaba en un hueco estrecho (“bache”) para que sudaran y facilitar la labor. Luego se rasuraban y se les cicatrizaban las heridas que se les hubiese causado.

Lavaderos de lana y batanes: eran edificios donde se lavaba la lana del ganado. Una vez lavada y secada, la lana era transformada en mantas en el batán, por medio de molinos hidráulicos.

Chozos: son pequeñas cabañas para refugiarse de las inclemencias del tiempo, construidas con los materiales del lugar: piedra, madera y adobe.

Ermitas: era frecuente la presencia de ermitas y santuarios a lo largo de las rutas pastoriles; lugares de culto religioso-pagano donde pastores y ganaderos pedían la protección divina para ellos y sus animales durante los largos trayectos.

EL PASADO DE LA TRASHUMANCIA

Algunos estudios arqueológicos apuntan a que la trashumancia se practicaba en la Península Ibérica desde épocas prerromanas y que siguió funcionando durante la ocupación romana. Los primeros documentos escritos nos sitúan en tiempo de los visigodos, donde se reguló esta actividad mediante el Fuero Juzgo que data del Siglo VIII. Sin embargo, su pasado más conocido se inicia en el año 1273, cuando Alfonso X El Sabio reunió a "todos los pastores de Castilla" en una organización denominada comúnmente como “La Mesta”.

La Mesta fue un grupo muy influyente, sobre todo en tiempos de los Reyes Católicos, que la utilizaron para unificar sus reinos durante la reconquista. Fue un motor económico de la época, con una sólida estructura que gestionaba esta importante red de caminos. Obtenían una gran cantidad de ingresos por el tráfico en las cañadas, y por la elaboración y exportación de la industria de lana merina, considerada entonces la mejor del mundo. La ganadería merina floreció sin medida, acaparando tierras y roturando bosques, y el beneficio seguro dejó de lado la búsqueda de otras alternativas económicas. Asimismo, buena parte de los ingentes recursos que generaban, costeaban las guerras que libraban los reinos cristianos.

La decadencia de la Mesta se produce a mediados del siglo XVIII. El desarrollo de la agricultura y los cambios sociales van socavando su peso como institución hasta su abolición en 1836.

La Asociación de Ganaderos del Reino toma el relevo de La Mesta. Después, decayó el mercado de la lana y aparecieron nuevos transportes como el tren –años 40- o los camiones que fueron haciendo desaparecer -sobre todo a partir de los años 60- la ancestral tradición de la trashumancia.

LAS VÍAS PECUARIAS EN LA ACTUALIDAD

Hoy por hoy todavía quedan algunos ganaderos trashumantes en La Rioja. Tres concretamente en Brieva y Viniegra de Arriba, que siguen trashumando al Valle de Alcudia en Ciudad Real. A partir de los 60 se abandonó el traslado de los rebaños por medio de los caminos pastoriles, realizándose mediante camiones. En lo referente al estado de la red de vías, sigue operativa buena parte de la red; algunas se han perdido y otras han sido invadidas, total o parcialmente, perdiendo parte de su anchura original.

 Rebaño de ovejas "churras" cerca de Canales de La Sierra

En los últimos años las instituciones han apoyado la recuperación de estas vías reutilizándolas para uso recreativo: parte de senderos GR o Vías Verdes. También se ha abierto un Centro de Interpretación de La Trashumancia en La Venta de Piqueras (Camero Nuevo) y se promueven eventos anuales como la Fiesta de La Trashumancia en Brieva de Cameros. Otra línea de actuación que ha surgido es la concesión de subvenciones por mantener el uso tradicional de estas vías. Para disfrutar de las mismas se debe realizar el traslado de los rebaños, de al menos 100 ovejas acompañadas por un pastor, por los caminos históricos, al menos durante 20 km, contribuyendo también al mantenimiento natural de estas calzadas.

Los usos originales para los que se crearon no son viables económicamente en nuestra sociedad. Su futuro está en preservar su uso ganadero, en la medida de lo posible, y en recuperarlas para proyectos de ocio y medio ambiente, y por esos medios preservar un legado que forma parte de nuestras raíces.

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