lunes, 24 de mayo de 2010

LA TORCA DE "HOYO MINGO" (LA RIOJA)


Publicado en la revista "Piedra de Rayo" del otoño de 2009

Contrastando las ortofotos cartográficas de la CC.AA. con los datos de campo del mapa de las Viniegras, tropecé con una amplia y oscura mancha en el terrero, cerca del puerto de Montenegro. Parecía la boca de una gran sima, pero no tenía noticia de algo parecido en esa zona, ni figuraba nada en ninguno de los mapas que consulté. Escéptico, y pensando que sería algún tipo de sombra en las ortofotos, opté por tomar su posición y pasar cuando me fuese posible. Una vez allí, la sorpresa fue espectacular… la torca de “Hoyo Mingo”.

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Varios meses antes había localizado desde la pantalla del ordenador otra sima con una amplia boca de entrada, la “Torca de la Jeriza”, en el parque natural de “Los Jorrios”, en Vizcaya. Para ello, partiendo del artículo de una revista de montaña –en el que no figuraba su posición- utilicé las fotografías de satélite que ofrece Google. “La Jeriza” tiene una boca de grandes dimensiones, que en el artículo comparaban con una conocida plaza de Bilbao; por ello, la pude localizar sin grandes problemas mediante estas fotografías.

Vista de Hoyo Mingo desde Ortofoto CC.AA. 

 Con la reciente experiencia de esta búsqueda, me quedé muy extrañado viendo la imagen de la ortofoto de la CC.AA., ya que las proporciones de esta supuesta sima eran superiores a la de “La Jeriza”. Rápidamente, la curiosidad me llevó a comprobar si la cartografía a mi disposición apuntaba algo en esas coordenadas. No figuraba nada. Pregunté a otros colegas aficionados a la espeleología o la montaña, y tampoco sabían de ninguna sima en esa zona. Consultadas las fotos de satélite de Google, aparecía lo mismo que en la ortofoto; pero este hecho no era significativo, ya que, en ocasiones, Google recurre a los servidores públicos para recopilar parte de las imágenes que muestra en sus aplicaciones.

Estaba claro que había que ir para despejar las dudas. Así que, en cuanto fuese posible, haríamos una excursión para ver lo que nos deparaba ése lugar. Varias semanas después, partimos desde el puerto de Montenegro por la pista que va en dirección a el alto de “Las Tres Cruces” y puerto de Santa Inés. Pasados algo más de tres kilómetros, la pista bordea la parte superior del barranco de “La Penilla”; dejamos la pista y bajamos por un torrente, generalmente seco, que nos llevaría a la enigmática boca. Descendemos flanqueados por un lapiaz1 kárstico2, habitual en algunos puntos de estas sierras. A unos 200 metros no se apreciaba nada en el terreno; sin embargo, cerca del centenar, ya se intuye un circo rocoso entre los afloramientos calizos.

UNA GRAN DOLINA
Ahí estaba, una boca de grandes dimensiones, en cuyo fondo se aprecia la entrada de una cueva de longitud indeterminada. Tras la sorpresa inicial, se puede estimar que la dolina que contemplo es similar en su forma y génesis a las de la aldea camerana de Zenzano.
Atendiendo a su formación, las dolinas pueden ser de dos tipos: de disolución o de hundimiento. Las dolinas de disolución se producen por una lenta pérdida de materia del suelo, disuelta por las aguas pluviales que se encharcan y luego se infiltran en él. Las de hundimiento se forman por el colapso del techo de una cueva. En este caso, su origen más probable es por disolución.

Generalmente están formadas por un pozo de anchura variable y de fondo más o menos aplanado. Cuando las paredes de estas simas son escarpadas y abruptas se las denomina “torcas”; si por el contrario sus contornos son suaves y carecen de escarpes se conocen como “hoyas”. Asimismo, si el agua las inunda puede configurar lagunas.

En el caso de la torca que nos ocupa, su longitud vertical y grado de inclinación varían a lo largo del perímetro, oscilando entre los 22 y los 55 metros, de distancia al fondo. Rodeamos su contorno buscando una forma de bajar, pero cualquiera de ellas puede resultar peligrosa; lo más conveniente será volver con cuerda y anclajes y equipar un portillo rocoso en su parte Sur, donde la calidad de la roca permite bajar cómodamente y con seguridad. Tomamos algunas fotos y seguimos camino a Viniegra de Arriba con la intención de volver, bajar al fondo para ver si la cueva tiene continuidad y realizar fotografías y algunas mediciones.
CONOCIDA EN VINIEGRA DE ARRIBA
Era difícil que una dolina de estas proporciones no fuese conocida en una comarca donde predomina el pastoreo. De vuelta al puerto de Montenegro, en una senda próxima al área recreativa de “La Calera”, coincidí con un vecino de Viniegra de Arriba que me preguntó si había visto alguna vaca algo más abajo; le respondí que no recordaba haber visto ninguna; al tiempo, le cuestioné si sabía algo de un gran hundimiento en la parte alta del arroyo de “La Penilla”. Me respondió que sí, “se refiere a la torca”, también se la conoce como “Hoyo Mingo”, me dijo.
Me quedé sorprendido al escuchar la palabra “torca”; suele ser frecuente denominar así a las simas en otras Comunidades cercanas (Burgos, País Vasco, Cantabria…), pero no en La Rioja. Posteriormente, hablando con otras gentes de la zona, he constatado que el citado termino es empleado de forma cotidiana por los lugareños para referirse a estos hundimientos, ya sean conocidos o si se abren de un día para otro.
El caballero con el que conversaba atendía al nombre de Leandro Serrano, es ganadero y gran parte de su vida la ha dedicado a la trashumancia, bajando el ganado en invierno por las cañadas a las tierras de Extremadura. Leandro tiene 73 años, me comenta que le gustaba esa vida, pero que era muy dura. No volvería a ello, a parte de los años, los tiempos han cambiado y ya no sería lo mismo. Hoy en día todavía trashuma, pero ya con camiones a la zona de la Alcudia, cerca de Puertollano. 

 Instalación de "Hoyo Mingo"

Volviendo al tema de la sima, me cuenta que la torca es conocida desde siempre, no sabe quien la encontró o cuando fue descubierta por primera vez, probablemente por algún pastor. Sus recuerdos de joven nos llevan a los años 60, cuando él, en compañía de dos hermanos conocidos como “los gatos” se acercaban ocasionalmente a la sima. “Cotiño”, uno de los hermanos, destrepó las peñas haciendo honor a su apodo; mientras, Leandro le decía “Cotiño, que no has de salir”. Pero Cotiño, con destreza, bajó al fondo de la torca y volvió a subir. Leandro comenta que no bajó, “no se me había perdido ninguna cabra allá abajo, sino ya hubiera bajado”. A la pregunta de si la cueva que se aprecia al fondo de la sima tiene recorrido, apunta que apenas tiene longitud. Respecto a si hay más gente que la haya descendido, me dice que sí, que conoce de varios, la última vez, un chico allá por los años 80, que él recuerde. Le pregunto si utilizaron cuerdas u otras artes para bajar; me responde que bajaron sin nada, sólo con cuidado, “esquiando” por la pared, destrepando por la parte más fácil.

BAJAMOS LA SIMA
En nuestro caso, preferimos acceder al interior de la torca mediante técnicas de progresión por cuerda, que nos van a permitir bajar con seguridad y disfrutar al mismo tiempo de la actividad y el entorno que nos rodea.
Varias semanas después, vuelvo a “Hoyo Mingo” con otro compañero del Grupo Espeleológico Logroño para recopilar una serie de datos de campo: tomamos nota del terreno donde se enclava la dolina, medimos su perímetro con un GPS y reseñamos su buzamiento. Luego, descendemos al fondo de la torca equipando una vía en la roca; no sin ciertas dificultades, ya que la calidad de la roca es mala.
Una vez abajo tomamos nota del terreno, constatando que hay zonas desprendidas que han puesto al descubierto diversas líneas de estratificación con numerosos fósiles. En varios puntos de la pared distinguimos nidos de buitre que fueron abandonados hace tiempo. Buscamos la ruta que pudieron usar los mozos de la comarca para descender; desde abajo, el punto de vista es diferente, y la parte norte ofrece una “canal” más accesible -aunque no exenta de riesgo-, vista desde aquí. Aprovechamos también para comprobar la longitud de la cavidad que se observa desde arriba, corroborando la versión de Leandro; sólo hay continuidad por una estrecha gatera que se colapsa a los 4 metros. Por último, tomamos algunas fotos desde el interior e iniciamos el ascenso para salir de la sima.

ALGUNOS DATOS DE LA TORCA DE “HOYO MINGO”
Localización: Datum ED50; 30T X: 516651 Y: 4657839 Z: 1.595
Terreno: calizas arcillosas / margas.
Perímetro: 250 metros.
Buzamiento: NE-SW
Desnivel máximo: -55 metros.

COMO LLEGAR A ELLA
Para visitar la torca de “Hoyo Mingo” proponemos un agradable paseo de 4 kilómetros –ida- desde Viniegra de Arriba, que nos permitirá acercarnos a la naturaleza y el paisaje de esta bella comarca.
Salimos del pueblo con dirección al puerto de Montenegro; antes de abandonarlo, nos desviamos por un camino de tierra que sale a la derecha –SE- con dirección al arroyo de “La Penilla”. Pasamos junto a unos pabellones, cruzamos el torrente y continuamos por la pista que trepa por el barranco –SE-. Ascendemos de forma mantenida y, pasados varios km, dejamos a la derecha del camino un refugio y un abrevadero. Unos centenares de metros después, la pista vira bruscamente a la derecha; la abandonamos y seguimos de frente –SE- por una senda que busca la parte superior del barranco de “La Penilla”. Caminamos por una zona de pastos, observando a la izquierda un amplio tapiz calcáreo. Estaremos atentos a localizar el cauce de un torrente seco a la izquierda; a la izquierda del mismo se vislumbra la amplia boca de la torca. La vuelta la podemos efectuar por el mismo camino.

Puedes bajar un track y wpt GPS para ir a Hoyo Mingo en wikiloc, en las rutas del usuario "espeleogel". 

MAPA DE SITUACIÓN

COLABORADORES
Agradecer su participación a las personas que han colaborado en la realización de este artículo: Leandro Serrano, vecino de Viniegra de Arriba; y a Jorge Yañez Vila del Grupo Espeleológico Logroño.

TEXTO Y FOTOS
José Mari Rey García

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